Como si hubiésemos venido a este mundo a estar juntas

Este es un relato verídico, los nombres han sido cambiados para proteger a las víctimas. Me pesa la vida. Jamás me podré librar de esta culpa. ¡Cómo me pude distraer hablando con la vecina! En algún momento salí, me descuidé y un desgraciado se apoderó del cuerpecito de mi hermana.

Mi mamá trabaja limpiado oficinas y llega después de las seis de la tarde. Entonces yo salgo a la escuela, dejando a Blanquita, mi hermana mayor, comida y bañada. Desde mis ocho años cuido de ella; es minusválida, no puede caminar, ni hablar. Está en cama, o en la silla de ruedas que la parroquia del barrio le consiguió.

Desde hace unos meses he notado que a Blanquita le crece la panza. Hasta que la médica afirmó que Blanquita estaba embarazada, no entendía como la virgen María se embarazó por obra y gracia del Espíritu Santo. Por más que le doy vueltas en mi cabeza, no concibo como un desgraciado pudo entrar a nuestro pieza y abusar de ella.

Aunque Blanquita no puede hablar, nosotras nos entendemos perfectamente. Yo sabía que algo le estaba pasando, sus ojos me miraban diferente, transmitían miedo. Estoy segura de que ella percibe mi culpa y está segura de que no la voy abandonar. Como si hubiésemos venido a este mundo a estar juntas.

En el barrio dicen que fue Tito, el hijo mayor de doña Juana, conocido como un enfermo sexual porque siempre anda detrás de las menores. Parecería que le faltaba una joven con discapacidad para valorar su hombría.

Mami me regaña: “Por estar hablando boberías con la niña de enfrente, te repetía que no la dejaras nunca sola, no entiendes que si no trabajo nos morimos de hambre”. Mi papá nos abandonó siendo yo muy pequeña. No lo recuerdo, nunca lo he visto.

Me muero de rabia, quisiera matar a ese miserable. ¡Cómo se le ocurre violar a mi hermana, si ni camina, ni habla! Yo también me siento violada, a mis trece años; ese energúmeno destruyó mi vida. Yo que tenia tantos planes, quería llegar a la universidad y ser una profesional, ¡quién sabe hasta donde hubiese podido llegar! Pero ahora me tendré que dedicar a cuidar a mi hermana y su bebé. Seré solo una buena hermana.

En ocasiones, en las noches, al llegar de la escuela encuentro a mami desesperada llorando, “Te prometo que cuidaré de Blanquita y del bebé, por el resto de mi vida, la falta fue mía”, le dijo para tranquilizarla. Aunque en mi interior me pregunto: ¿Cuál fue el pecado que cometimos? ¿Ser pobres, o ser mujeres?