Algunas, no están para negarlo

Lillian, Victoria, Ana, María y Dulce. Violeta, Priscila, Luisa, Rosario y Nanci. Alicia, Beatriz, Carolina e Irene. Elsa, Laura, Marta y Lies. Patricia, Antonia, Natacha y Lourdes. Felicia, Candy, Margarita y Kenia. Fatima, Consuelo, Minerva y Fabiola. Manuela, Pamela, Marlene y Rita. Lola, Marcela y Abigail.

Paula, Margot, Jenny e Ivonne. Jazmín, Isabel, Gabriela y Soraya. Aylin, Rocio, Iluminada, Leinny y Altagracia. Junana, Inmaculada, Paulina y Marcia. Irma, Ligia, Jennifer y Maribel. Antonia, Pilar, Socorro y Maite.

Isaura, Josefa, Mariel y Diana. Virgen, Modesta, Issy y Jeannette. Imelda, Judith, Deyanira, Bethania y Pastora. Leonor, Mercedes, Odalisa y Pura. Paloma, Penélope, Olivia, Lisi y Mía. Lila, Karen, Berenice y Thelma. Cristina, Dalila, Elena y Doris. Cleo, Dominga, Perla y Katherina.

Leslie, Katia, Claudia y Debora. Esperanza, Dora, Alina y Delfis. Dilia, Itania, Leticia y Eloisa. Alexandara, Kirssy, Yanina y Mirtha. Georgina, Ruth, Sol y Leyra. Sabrina, Carmen, Adalgisa, Milagros y Soraya.

Luisa, Milly, Carla y Anyeli. Clara, Belgica, Marina y Magnolia. Mayra, Paola, Olga, Rhina y Dawilda. Mayli, Rhina, Betty, Glennis y Olga. Indira, Melissa, Raquel y Valerie. Rafaela, Vanessa, Belkis, Jacoba y Rosa.

Sophy, Rosina, Mayra y Reina. Laura, Maricela, Scarlett, Ketty y Arianna. Josefina, Zoila, Ambar y Cristal. Tatiana, Edith, Jimena, Mildred y Marisol. Silvia, Karen, Tamara y Sudelka. Mery, Denise, Raquel y Albania. Grouchy, Santa, Evelyn y Ricarda.

Malvina, Ramona, Francesca, Paula y Julieta. Nancy, Leslie, Natacha, Vilma y Manuela. Petronila, Maricela, Luz, Marlene y Lupe. Magdalena, Lucrecia, Katia, Carlota y Dulce. Casandra, Daniela, Marisol y Lydia. Brigitte, Alfonsina, Cecilia y Blanca. Elisa, Florida, Esther y Damaris.

Elba, Agustina, Carola y Nairobi. Adriana, Matilda, Emma y Desire. Grecia, Flavia, Fedora y Gema. Ingrid, Hilada, Juliana y Keila, entre otras.

Muchas de ellas tienen algo en común. Una intervención que prefieren no compartir, e incluso negar. Un secreto entre ellas y su almohada. Procedimientos políticamente incorrectas que están a la orden del día.

Para las privilegiadas no hubo complicaciones. Algunas padecieron de sangrado abundante o fiebre por infecciones. Para otras el precio de violar la ley fue un vaciado, una histerectomía. Por infringir el orden establecido, no podrás ser madre.

Pero algunas, no están para negarlo. Fallecieron por atreverse a intentar controlar su propio cuerpo. Pagaron con su vida.


¿Cuántas muertas por abortos inseguros faltan para que los que ordenan el país miren las mujeres? Basta con echar una mirada a las estadísticas de las maternidades.

Penalizar el aborto no ha salvado un feto, ha matado muchas, pero muchas mujeres. Todo apunta a un encarnizamiento del Congreso Dominicano con las mujeres.