El miedo pudo más que el amor

La señora de don Juan Carlos cayó en cama por cirrosis hepática, y Mary una joven de no más de 16 años se dedicó a cuidarla, tenia poco tiempo de haber llegado de Ocoa a trabajar. Su trato con la enferma fue de tal calidad que al fallecer esta, le asignaron el cuidado de la casa.

Diez años pasaron hasta que el señor volvió a traer otra mujer a la casa. Después de un periodo de adaptación, Betania, la esposa del don y Mary lograron acoplarse, cada una de ellas conocía su papel, y lo importante era no molestar al señor.

Betania no tenía pensado ser madre, ahora con cuatro décadas se le había despertado el deseo de la maternidad. Tras varios intentos fallidos por lograr un embarazo, más las múltiples botellas y remedios, hasta que por fin la prueba da positiva.

Por precaución o auto castigo, Betania decide pasar todo el embarazo acostada; después de tantos esfuerzos no será por mi culpa que vaya a perderlo, se repetía.

Mary cuidó de la señora como cuidó de la difunta, el cuidado de la salud de las mujeres del don Juan Carlos cae en sus hombros. La relación entre ellas fue ganando complicidad. A Betania le gustaba que le contará cómo fueron sus embarazos.

“Mi señora, me di cuenta que estaba preñada cuando sentí que algo se me movía en la barriga, y así mismo fueron los dolores de parto, parir no es complicado, he tenido tres”.

Se fue a dar a luz a los Estados Unidos y de allá trajeron un hermoso niño. El mismo rostro del don con la sonrisa de la madre. Como de costumbre, Mary cuidaba con amor cada detalle de la casa y del recién nacido.

A la hora de decidir quién cuidaría el bebé, dentro de un grupo de recomendadas, la pareja se miró a los ojos, sin mediar palabras eligieron a Mary. Por sugerencia del pediatra había que hacerle análisis.

Al recibir los resultados Juan Carlos parecía momificado, Betania, con un nudo en la garganta y los ojos vidriosos llamó a Mary y le dijo: “tenemos que despedirte, en los análisis de sangre saliste con VIH positivo, no podemos tenerte en casa, y menos cerca del bebé”.

Sin decir palabra recogió su ropa, se acercó a la habitación donde dormía el niño, desde lejos se despidió de esa criatura que había cuidado desde el vientre de su madre. Salió como llegó hace más de diez años. El miedo pudo más que el amor