En temas de higiene, menos es más (I)

Estudiar las enfermedades en muchos casos es hablar de “derechos y comodidad”. Con esa envoltura incursiona la industria en el mercado del cuidado del cuerpo, a pesar de lo desfavorable que pueda ser para la salud. En las próximas entregas de Mujeres y Salud describo la historia del cuidado de las partes intimas de la mujer.

En los primeros cinco mil años de civilización las mujeres no llevaban bajo sus vestidos panties, bragas, calzones, o blumen, amparadas en la teoría de que la vulva necesita respirar.

Según el historiador Tim Labert, debajo del vestido de las egipcias solo circulaba el viento; salvo las concubinas que gozaban del rango de favoritas y las prostitutas de clase alta, que usaban primitivas prendas de lencería. Las romanas usaban una prenda llamada subligaculae que se envolvían alrededor de las caderas sin cubrir sus partes pudenda.

A partir de la Edad Media, afirma Labert, “La Iglesia considera el cuerpo de mujer como pecaminoso que debía ser ocultado”; las mujeres debían utilizar camisones de cuerpo entero que llevaban debajo del vestido.

En el siglo XVIII, las faldas enormes que se abrían como una campana invertida, sostenidas por complejos andamiajes de metal eran común. Sin revestir la vulva, consideraban que cubrir los genitales era poco higiénico; insistían en la importancia de mantener “aireada” la zona íntima, para evitar contraer enfermedades.

Cuando el calendario se vestía de rojo, se colocaban un paño grueso, que lo ajustaban con una especie de sábana, sin embargo, en ocasiones esto no era suficiente para detener el flujo, así que además, acostumbraban a llevar más enaguas que de costumbre, por si había algún accidente la mancha no lograra pasar al vestido.

En aquellas épocas, lo más cómodo, fácil y saludable era andar sin nada que evitara la entrada del aire, así la vagina no tendría problemas de irritación e infecciones, ni sería un nido de piojos y ladillas.

El Inca Garcilaso de la Vega en su Historia general del Perú describe como las indígenas aireaban las partes pudenda. Los nativos se burlaban de la sola idea de que los conquistadores llevaran algo similar a los calzoncillos.

La historia relaciona la entrada de la ropa interior femenina con las bailarinas de Cancán. Alrededor del año 1800 surge en París una ley que obligaba a las prostitutas a utilizar bragas por higiene, para evitar transmisión de infecciones y para abrigarse.

“Ninguna actriz o bailarina deberá aparecer en el escenario sin calzones”. El largo de las faldas iba reduciéndose y era necesario cubrir el pecado.