En temas de higiene, menos es más (II)

Durante la mayor parte de la historia las mujeres no usaron ropa interior bajo la teoría de que la vulva necesitaba respirar, no llevaban nada por debajo de la falda. Se supone que la primera prenda íntima que apareció fue el taparrabos, después los romanos lo impondrían en su Imperio y se extendería por toda Europa.

Esta prenda tendría un largo recorrido por la Edad Media, en aquella época cubrir la entrada de la vagina era algo antihigiénico. Médicos alemanes en 1757, afirmaban que cubrir la vulva era “podrirse”.

Cuando se intentó hacer que las mujeres llevaran ropa interior para evitar la línea roja que descendía entre sus piernas mientras menstruaban, las primeras en quejarse fueron ellas mismas, alegando que los efluvios que emanaban eran un atractivo para los hombres que frecuentaban el lugar atraídos por el “aroma de la fertilidad”.

Las bailarinas de cancán en Paris, Francia fueron las primeras en utilizar ropa interior para cubrir su vulva. Por aquel entonces, la ropa interior no era más que una forma de abrigarse y evitar infecciones.

Otros autores sugieren que fueron dos situaciones las que detonaron la creación de los calzones femeninos. El primero se dio en 1876, cuando el inglés Henry Wickham obtuvo un excedente de semillas de goma desde Brasil, con lo que abarataron su costo; situación que impulsó la industria de cintas elásticas, haciéndolas bastante accesibles para la industria textil.

El otro invento que promovió las prendas íntimas, se dio en 1890, cuando se creó la bicicleta de cadena en la década de 1890. Vehículo que no podían ser montado como los caballos, con faldas largas, porque aparte de ser incómodo, también era peligroso.
Por lo que las muchachas empezaron a usar bombachas cortas, es decir, calzones, esto principalmente en Francia, las cuales eran más prácticas y cómodas debido al elástico que se utilizaba en su elaboración.

Las primeras ropa interior descritas para la venta vienen a aparecer en un catálogo de Sears de 1922: dos tubos largos que se debían ajustar en cada pierna por separado y que se unían en la cintura dejando al aire libre la vulva.

A comienzos del siglo XX, Valton, propietario de una mercería, fue quien fabricó los primeros pantalones cortos y ajustados, muy semejantes a las actuales bragas.

La historia de la ropa interior de mujer nos la han vendido como el derecho de las mujeres a estar “cómodas”. La evidencia científica nos demuestra que en temas de salud de la mujer menos es más. El único deber que tenemos con la historia es reescribirla decía Oscar Wilde.