Las casualidades no forman parte del imaginario

Las casualidades no forman parte del imaginario
A pesar de las adversidades, la vida misma es una oportunidad.

No es una trivialidad, cuando el pasado 10 de noviembre el diputado peledeísta por la provincia Espaillat, Noé Camacho Santos, mostró una correa como instrumento para defender su posición en el Congreso nacional, le faltó el respeto a la democracia dominicana. Es una agresión intolerable.

La Cámara de Diputados es un espacio para discrepar, disentir y concertar de forma educada; en ocasiones, más que un espacio de conciliación parece un gallinero, un adefesio.

Cada representante del Poder Legislativo tiene oportunidad a la palabra; en el 2016, la mejor forma de discrepar no es amenazar con una correa, el poder que dan los votantes a sus legisladores es el poder de la palabra.

Las casualidades no forman parte del imaginario. La correa es usada como un objeto asociado a la subyugación, tortura y esclavitud; como símbolo de opresión se remonta a la Edad Media, incluso como castigo a los hijos o menores. La correa es referente en el coloquialismo moderno.
Hay que estar muy embebido del poder para en medio del hemiciclo quitarse la correa de la cintura y esgrimirla en el brazo derecho mirando a los ojos a la diputada que ejercía su derecho a la palabra.

Podría ser que el diputado Camacho Santos considere a la diputada Raful una menor, un caso especial que puede amedrentarse con solo mostrar la correa.

Esta es la primera ocasión en la historia de la democracia dominicana en la que un legislador utiliza una correa como medio de coerción contra otra persona, en este caso contra una legisladora. Jamás diputado alguno ha amenazado con una correa a otro diputado, lo consideran sus iguales. Durante la elección del presidente de la Cámara de Diputados el 16 de agosto de 2003, hubo un tiroteo dentro de la sede legislativa. Las disputas entre hombres son con armas o sillas.

El Congreso es una vitrina de la sociedad, las autoridades de la Cámara de Diputados no deben ser indiferentes ante la acción intimidatoria del diputado Camacho, es violencia de género, un delito penal.


La diputada Raful ejercía su derecho, el diputado Camacho intentó amenazarla, eso sí, sin lograrlo. Lo que desconsuela es el silencio de la mayoría de legisladores del pueblo dominicano. La violencia contra la mujer cuenta con la complicidad del silencio.

Es una oportunidad para el Congreso defender la no violencia contra las mujeres más allá de un acto institucional el 25 de noviembre, día internacional de la No Violencia contra las mujeres.