Un cambio es la suma de voluntades

Un aura de apatía iluminaba sus rostros. Llegaron cubiertos del manto de la ciencia. Empezamos por el principio. No se puede humanizar el servicio de salud sin amor. Los residentes de primer año de la maternidad San Lorenzo de Los Mina volverían a los brazos de su madre al agradecer a sus ancestros el privilegio de colocarlos a la vera de la divinidad, ser obstetra es ser testigo del momento más importante de la vida, el nacimiento, ¿puede haber otro mejor?, bajaron las armas. Logramos derrumbar las armaduras que nublan su nobleza.

El oxígeno escaseaba mientras las y los residentes dramatizaban su trabajo como ejercicio para evidenciar la violencia obstétrica. La sensación de confusión y agobio de la paciente, al ejemplarizar una consulta prenatal fue palpable.

Quien no está satisfecho con su hogar, no está satisfecho con la vida. Las buenas formas, primero se aprenden en casa y le corresponde al hospital velar por el trato digno a las pacientes, sin menoscabar que la sobrecarga de trabajo y las condiciones contribuyen en detrimento de la calidad del servicio de salud.

No sabíamos a quién mirar, la tensión iba en aumento. Respirábamos en seco, nos secábamos las lágrimas para no delatar nuestra sensibilidad. Al ejemplarizar, la atención de una joven con aborto incompleto que llega con pastillas de misoportol (abortivo) en la vagina parecía que el mismo espíritu de los grupos más antihumanos se apoderaba de ellos. Se nos retorcían las tripas.

Con el ejercicio de psicodrama los dieciocho residentes vivieron la violencia obstétrica. No puede haber acto más revolucionario que autoincriminarse frente a sus iguales.

Una golondrina no hace verano, pero estos dieciocho residentes tienen la materia prima necesaria para demostrar que humanizar el servicio de salud es posible.

Apostamos a un cambio en la calidad de la atención en salud a partir de la individualidad. Un cambio es la suma de voluntades. No se puede humanizar el sistema de salud, sin cambiar el primer eslabón, en materno-infantil nos referimos a los residentes, médicos en formación.

Sanar es una comunión del alma. El médico, en su relación individual con la paciente cuida y construye su historia. Cuando un galeno acompaña una mujer para ayudarla a parir, está tocando el futuro. Cuidar los médicos residentes es cuidar nuestro futuro. Apostemos a ellos.

Tratar las pacientes como seres humanos salva vidas. Estos obstetras en formación son protagonistas del cambio, han reconocido el poder del buen trato: la columna vertebral de una atención de calidad. Por ejemplo, se comprometieron a llamarlas por sus nombres.