Cada embarazo le cuesta un diente a la madre

La maternidad no es una obligación, ni una necesidad; por la complejidad de la tarea debería ser una decisión.  Gestar y educar a la humanidad es el oficio más importante del mundo, mínimo deberían de consultar a las mujeres.  

La biología le ha asignado a las mujeres llevar en su vientre la vida, una responsabilidad compartida en la cual cada gameto (óvulo y espermatozoide) es indispensable e insustituible.  La reproducción es un tema de dos.

Bajo el aura de la maternidad, a las mujeres se les educa para ser y estar para otros,  -como explica Marcela Largarde- se adoctrinan para interiorizar que el sentido de la vida es el ser para los otros.

Contrario a los niños que le colocan diferentes juguetes en la cuna, para las niñas la muñeca es el juguete “que toca”, la primera y única opción de socialización.

Con este juguete, las niñas aprenden que deben estar pendiente de los demás, que los demás son el centro de su vida y además el bienestar de los otros está por encima de el de ella. Sacrificarse por los otros es un acto de amor, y será recompensado.  Lo que no les dicen es: ¿cuándo?

Las mujeres, cuidan, atienden y velan por los otros, por la humanidad. Muchas sienten la maternidad como su proyecto de vida y se sienten bien, o por lo menos eso hacen creer.  El bienestar de las mujeres ésta definido por lo que le devuelven los demás, sobre todo las y los descendientes.  

Las principales consecuencias de este aprendizaje son:

  • La afectividad condiciona todas las áreas de la personalidad. Todo se mide en función a cuán necesaria soy.  Una mujer se completa con los otros. Estoy bien, si me siento aceptada, querida por los que me rodean. Si no es así, me siento incompleta. 
  • La individualidad se va postergando.  No se apuesta por una autonomía personal.
  • Las mujeres aprenden a colocarse en un segundo plano, ya que los otros son más importantes, de esta manera se explica que las mujeres entiendan sin rechistar las normas impuestas que controlan y dominan su vida, salud y bienestar. 

A pesar de las normas, algunas mujeres se niegan a la maternidad. Es su legitimo derecho. En ocasiones la familia, el entorno y los mecanismos de la culpa (mecanismo muy potente para hacer cumplir los roles asignados),  atentan contra la negativa a la maternidad. 

Como madre reconozco que la maternidad es una fuente inagotable de amor, pero también es cierto que: "Cada embarazo le cuesta un diente a la madre".